En San Sebastian hubo hace cuarenta años ma logia masónica, que seguramente ignorarån casi todos los lectores,
Se llaniaba La Acacia v pertenecia al rito es-cocés. Su Gran maestre cra un francés, comer ciante de la plaza, Y entre los Venerables figu-raban dos suizos y varios donostiarras. El tem-plo masónico estaba instalado en la bodega de la casa número 5 de la calle de Garibay, esplén dida bodega que conocemos y en cuyos sillares todavia se adivinan vestigios de signos maso-nicos.
Según noticias, se celebraron varias tenidas, unas ridiculas y otras sacrilegas. El apuñala-miento de las Sagradas Formas sólo se celebró una vez v semanalmente varias procesiones con cantos liturgicos,
¿Cómo acabó aquello? De ma manera comi-ca. El venerable propietario del local se escapó con una bailarina del café francés de la Aveni da. Y un doctor, encargado de la prueba de dis-parar su fusil contra un Cristo, en los alrede dorca de San Sebastián, después de ese sacrile-gio sintió un remordimiento y un arrepenti-miento tan sincero que se convirtió al catoll-cismo más puro, dando ejemplo de piedad hasta el resto de sus dias.
Al desaparecer estos dos puntales de la maso-neria donostiarra, quedó abandonada la logia. Poco tiempo después, la exposa del fugitivo propietario, visitando su bodega, se encontró sorprendida con extrañas inscripciones y dibu-jos en las paredes de la misma. Un enorme baúl, forrado de piel, contenia mandiles, trián gulos y otras insignias, que fueron todas que madas por consejo de un sacerdote,
El templo del gran arquitecto del Universo fué suprimido gracias a la piqueta de un fornido albañil de Zarauz.
"Sic transit gloria mundi".
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En San Sebastián hay individuos pertene cientes a las religiones más diversas. He aul una estadistica aproximada: Protestantes, 56: israelitas, 8; budistas, 2; sintoistas, 1: ortodo xos búlgaros, 3
Añádase el número de ateos por la gracia de Dios y de los que blasfeman su santo nombre negando su existencia, que son más de los que quisiéramos y conviene a la decencia pública. Y por último, el número de los adoradores de Baco es tal que no nos aventuramos a levan-tar su estadistica.
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La sincera simpatia que siempre nos mere-cieron los casheros nos obliga a iue tratemos mi poco de ellos, pobres amigos desamparados, que en lo alto de sus caserios trabajan humilde y eficazmente, sin huelgas, ocho horas ni des-pidos.
Mussolini, ese hombre eminente, gloria de Italia, recientemente, para honrar a los traba jadores de la tierra los ha ennoblecido, conce diéndoles blasones que puso en el frente de los caserios, v titulos nobilarios a ajuellos cuvas familias llevan niás años cultivando sus tierras. Nuestro pais vasco es eminentemente rural: su población, destacada por su amor al duro trabajo del terruño, por su honrades perse-verancia, a pesar de ello carece del suficiente apoyo oncial. No seria justo v racional que Is Diputación de Guipúzcoa abriera um concurso entre los labradores del pais para premiar a aquellas familias que de más antiguo vienen
ocupando sus caserios actuales Y comprar unas radios para repartiras entre los caseras seria alguna tonteria?
Además de distraer asi ses languidas vela-das invernales, se podian dar para ellos, cursos en vascience de ganaderia, cultivos, etc.
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Y vamos a terminar abundando en el mismo tema, Propongo, va que no se puede contar con la aynda oficial, la reunión en un punto centrico de la provincia, um dia de fiesta determinado. para constituir "Los amigos del caserio", enti dad dedicada a mejorar la vida rural ecuipuz coana en todos sus aspectos: organizando exto-siciones de flores, plantas y árboles ftales. enseñando y fomentando su cultivo entre los Iabradores y niños de las escuelas, otorgando premios v subvenciones, aportarlo modelo del extranjero, etc.
No sé quiên me dijo (recuerdo que era un técnico) que en Guipúzcoa la vida rural estaba dedicada exclusivamente a la ganaderia, olvi-dándose de que tres árboles frutales rinden más que una vaca lechera.
Perdone, don Vicente, si nos hemos "colado.
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Desde nuestra niñez homos oido hablar cons-tantemente de la abutarda, cazada en Lovola, sin haber conseguido verla. Es tan mimérica como la andeja de Zulaica,
Lo que si existió fué aquel sesudo cazador francés, quien, envuelto en amplia larga pele-rina, a cada disparo se metia bajo la ropa umes puerros, una berza o una gallina.
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Por cierto que esto del francés nos recuerda aquellos primitivos herboristas que llegaron hasta establecerse en una tienda de San Sebas-tián. A ellos debemos el conocimiento de infi nidad de plantas curativas del pais y de otras comestibles. El español no conoce más ensalada que la de achicoria o lechuga romana pero el extranjero, amante del campo y de la buena mesa, se obsequia con infinidad de otras, tán variadas como sabrosas. Ea esto de plantas he-mos llegado a denominarlas con un vocabulario que es un guirigay: "Belar francesa", "echalo-ta", "andivas", etc., etc. Ya en nuestros merca dos las casheras han introducido con éxito al-gunas de ellas one se dan espontáneamente en los prados y entre maizales, sin conseguir un cultivo razonado de las mismas, muy remune-rador.
La reina de las ensaladas, de fama universal. es la llamada de los Frailes, conocida sólo en Turin.
¿A qué juega nuestra juventud ahora?
Qué se hicieron aquellas sanas diversiones infantiles de antaño? Laucos, chivas, irtenes. apullas, chuncaquetas, quiquilibicos, una anda la muia, canicas, solomosos, quisquiñas, fueras, ordos, ova, mach, mandos, cuatro esquinas, a chuletear las calles, etc., etc.
Todos estos juegos, alguns vigorosos, som han desconocidos para la generación actual sido sustituidos por espectáculos exóticos como el del fútbol distracción donde juegan veinti dós personas y chillan dos mil.
Por fortuna parece que va en decadencia, Y ojalá volvamos a los primitivos tiempos de los sanes deportes locales, como la pelota, el remo. la marcha, entre otros
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Los vecinos de las casas números 6 y 8 de la calle del 31 de Agosto nas piden ayuda. Pare-ce ser que el Ayuntamiento compró estas fincus para derribarlas y convertir los solares en jar-dines. Muy bien; pero esa obra no es tan ur gente como para dejar de pronto cincuenta ve cinos pobres pescadores en la calle, sobre todo cuando como en este caso hay nuumerosos niños Hay que dejar pasar el invierno o buscarles alojamiento a esas familias desvalidas.
Todo menos violentos desahucios que irreten a nuestro arranzales. Ellos son como el Cantá brico; a veces un lago, pero cuando se enfurrn-ia, al puerto y recuerdos a los besneot
GIL BARE
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